Feliz día para todos los argentinos. Realmente no es mucho lo que nos ha quedado en la memoria de aquel 25 de Mayo de 1810 en que comenzamos a ser esto que somos ahora. Sabemos de esa curiosidad histórica de que todos los integrantes de la Primera Junta tenían nombre de calles. Que Paso no se perdió la oportunidad de participar en cuanto gobierno encontró a mano. A nada le dijo paso, Paso. Que French y Berutti salieron a las calles a hacer marketing directo por la patria.
Que llovía, tal vez, para facilitar la tarea de los escolares que siguieron al hecho, ya que es mucho más fácil dibujar paraguas que caras. Pero muy poco sabemos, muy poco nos detenemos a pensar en las emociones y sentimientos que tuvieron aquellos que arrancaron la historia. Había que tener desprendimiento, verdadero desprendimiento, porque no había negocio de por medio. Es más, muchos de ellos perdieron todo en la contienda, todo. Como el mismo Belgrano, a quien tuvieron que prestarle unos pesos para que pudiera morir. Había que tener ideales, la parte más sublime de las ideas, esos que te impulsan a ir hacia delante aunque te falten las piernas.
Había que tener sueños, pero sueños de los grandes, de los que no se quedan a malgastar las noches con cuestiones particulares, sino que se ponen a soñar por todos los otros, por todo un país. Tenían que tener coraje, porque sabían que lo que decidieran con la boca adentro del cabildo iban a tener que salir a defenderlo con sus cuerpos. Que ese acta que firmaron con tinta iba a tener que ser refrendada con sangre, en cuanto el gigante dormido despertara, porque ellos no desafiaban a un poder menor, desafiaban a uno de los dos más poderosos imperios que conoció el mundo de aquella época.
Había que tener amor por la patria, que todavía era un concepto incipiente, porque eran ellos mismos los que la estaban fundando. Había que tener visión de futuro. Ganas de enfrentar al tiempo venidero con la seguridad de que existiría un tiempo para compartir, un horizonte en el que el sol, efectivamente, saliera para todos. Vamos a ponerle nombres y apellidos al agradecimiento: Cornelio Saavedra, Juan José Paso, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Domingo Matheu, Juan Larrea, Miguel de Azcuénaga y Manuel Alberti. Esos que tuvieron desprendimiento, ideales, sueños, coraje, amor por la patria y visión de futuro. A veces dan ganas de llamarlos otra vez a todos ellos y empezar de nuevo.
