El 9 de abril, en el Mes del Animal, se hizo un allanamiento en una granja de Corralitos, Guaymallén, por tenencia ilegal de animales en extinción, entre otros. Todos los medios se hicieron eco de estos pobres seres indefensos que vivían en cautiverio, en recintos muy pequeños, poco higiénicos y en forma deplorable. Al dueño se le aplicó una multa. Pero he aquí mi pregunta y mi inquietud como protectora amante de la vida y defensora de los derechos de todo ser vivo: ¿qué le cabe a una institución que captura en forma cruel a perros en la plaza Independencia a la vista de mucha gente para tenerlos en jaulas muy pequeñas, a la intemperie, sin resguardo del sol, de lluvias y del frío o a los que los colocan en caniles (con piso de cerámico frío) donde no ven el sol, ni sienten el aire?
¿Cuánto tiempo estarán allí? ¿Hasta que Dios decida su destino? ¿Los perros no tiene derecho a vivir de acuerdo a su bienestar? ¿O solamente este es un derecho de animales en extinción o de raza? ¿Y el deber de cuidarlos y respetarlos es solamente de los particulares y no de las instituciones? ¿Esto no es también un acto de cobardía, no es tapar un grave problema de la sobrepoblación canina con el cautiverio y la crueldad? Señor intendente de la Capital, ¿no sería mejor castrar y reubicar, trabajar en pos de la vida y no en pos de la muerte o de la agonía que es peor? Pero claro, esto el turista no lo ve y Mendoza sigue siendo la ciudad limpia por fuera y sucia por dentro.
