Buenos días, a pesar de todo.
Somos intolerantes con muchas cosas, con nuestro/a peor es nada, con nuestros pibes, con nuestra suegra, con los vecinos. Con el tránsito, por ejemplo. Insultamos en varios idiomas a los otros, porque, en cuestión de tránsito, los otros tienen la culpa, nunca nosotros. Todavía no he encontrado a un mendocino que se haga cargo de un choque, que diga: “El salame fui yo”. Somos intolerantes con los políticos sin darnos cuenta de que los jodemos, no es fácil mandarse un negociado cuando todo el mundo los critica.
No es fácil. Nos olvidamos de que un político es ese que piensa que, por ahí, el pueblo tiene razón pero ya se le va a pasar. Recordemos que si votar sirviera para algo, ya estaría prohibido. Pero una de nuestras intolerancias mayores es con el clima. Nunca estamos de acuerdo con el clima y, por supuesto, con los pronosticadores. No nos damos cuenta de que los pronosticadores del clima trabajan siguiendo aquel refrán que dice “Nadie es profeta en su tierra”. Es que no es fácil pronosticar. Si bien los tipos tienen satélites, radares, aparatos especiales, GPS e informes de internet, se siguen equivocando de una manera errada, porque el clima es variable. Tal vez debamos renovar las observaciones de aquel notable pronosticador que fue Bernardo Razquin, quien buscaba en las alteraciones de la naturaleza una ventana abierta hacia el futuro del clima.
El clima nos preocupa mucho, a tal punto que no hay programa de radio de la mañana que no se refiera al clima varias veces durante su emisión. Pues nunca estamos de acuerdo con él. Ahora decimos: ¡Qué frío que hace!, porque a nuestros lares llegó un frente de aire polar más frío que novia enculada. Pero es nuevo, tiene apenas unas horas, sin embargo, protestamos lo mismo.
Protestamos contra el frío, así como lo hicimos hace un mes apenas contra el calor. Tal vez, lo nuestro es una falta de información, vamos a tratar de subsanarla: señoras y señores, estamos terminando abril, esto es pleno otoño, es natural que haga frío. Si quieren protestar tienen otros motivos más valederos:el precio de la yerba, el precio de cualquier precio, el Pami, el Metrotranvía, el comportamiento de sus hijos, la visita de su suegra, las promociones de los teléfonos.
Protestar en contra de lo que es natural que ocurra es desperdiciar insultos, cosa que es un despilfarro, teniendo tanto funcionario a mano. El clima nos preocupa y nos ocupa, por eso, tal vez, tantos refranes. “Siempre que paró, llovió”. “Al buen tiempo, buena cara”, “Siembra vientos y cosecharás tempestades”. En medio del aguacero/ un diurético he tomado/ es como dice el refrán/ “Sobre llovido, mojado”. “Una golondrina no hace verano”. “A las palabras se las lleva el viento”. “El sol sale para todos”, el petróleo no. “El viñatero sabe qué esconden las nubes”. “Calor en el desierto, ni los mosquitos están despiertos”. “Cuando sopla Zonda, el diablo nos ronda”. Y una coplita cuyana que dice: En la tarde de mi Cuyo/ ningún sonido molesta/ no se mueve ni una hojita/ es Dios que duerme la siesta. Así que basta de quejarnos del frío del otoño y salgamos a ver el otoño, que el de esta tierra es hermosamente incomparable.
